lunes, 16 de febrero de 2009

(...)

Seguir pisando baldosas hasta llegar a quién sabe donde a juntar trozos de ilusiones. Seguir pisando días hasta explotar, hasta dejar vacío el corazón, hasta dejar vacante mi colchón. Seguir solo por inercia, por el placer de sentir mi respiración, aunque nada me motive alrededor.

Nada, hasta hoy.

Recordar las miradas y no querer. Saber y no. Querer pronunciar alguna palabra y que quede estancada en la punta de la lengua roja. Y tú ahí, sin notar esta revolución interna. Sí, tú allá, tan ajeno, tan mundo paralelo.

Ni siquiera una letra, un nombre o una frase. Saber que existes y no poder rozarte con las yemas de los dedos como quisiera. Mirar a través de los vidrios empañados, viéndote apurado, y yo fingiendo paciencia, respirando profundo y cerrando los puños cuando aparecen los impulsos.

Y así voy a seguir, porque aunque en mi mente te arme y te desarme, aunque bosqueje encuentros (que serán causalidad), prefiero esperar y deshacerme con las horas; los deseos pronto cumplidos no son tan sabrosos.

Porque, después de todo, alguien me dijo que en la alacena aun quedan escondidos tarros de paciencia.

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la florida, santiago, Chile
A veces siento que mi nombre me condena. Ahora estoy pasando por mis 18 otoños amarillos. Y la verdad no ah sido nada dificil. Disfruto de las cosas simples de la vida, Disfruto de las sonrisas, mías y ajenas, también delos abrazos. A mi locura no se definirla, solo sé que me permite descubrir y descubrirme. Soy soñadora por naturaleza, me cuesta mantener atados los pies a la tierra, a veces eso me juega en contra, convivo con sentimientos que solo encuentran lugar en mis ilusiones. Aunque hoy preferiría dejar mi alma al descubierto, muchas veces la escondo bajo mi piel para que no sienta los espasmos de la realidad que se avecina -contra mis huesos- sin remordimientos.