
Caminas por la habitación, con los pies descalzos y cansados. Prendes tu último cigarrillo, la noche avanza, las voces callan. Tus miedos se aferran a tu garganta cansada de gritos. Los recuerdos se hacen dueños de las lagrimas. Las caricias que no fueron y la compañia se esfuma con el cigarrillo que dejas consumirse en la oscuridad. Sin sentido seguiras esperando entre vidrios empañados y acordes clandestinos a aquel amante perdido. Errante y traicionera la ilusión quedó en sueños pasados, quebrantando así tu dulce mirada. Mujer, frágil y desnuda, ¿por qué te abandonas al cinismo de tu muerte en vida y reconoces como propio el inexplicable dolor que te retiene los sueños?